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IA y tribunales: eficiencia tecnológica frente a sensibilidad humana

Es notorio que la IA está ganando camino en todos los ámbitos de la sociedad y la justicia no es un campo ajeno a este fenómeno. 

Cada día son más las soluciones basadas en esta tecnología a nuestra disposición para simplificar procesos, acortar tiempos y ganar eficiencia en un mundo que demanda cada día mayor inmediatez. Sin embargo, esta vorágine social se choca frontalmente contra el muro de la administración de justicia, donde los tiempos se dilatan hasta el infinito y las esperas desincentivan a los justiciables

La situación se complica aún más con los nuevos requisitos de procedibilidad antes de acudir a la vía judicial, añadiendo un nuevo cortapisas para poder iniciar un proceso y retrasando la resolución de los conflictos.

¿podrá ser la inteligencia artificial el futuro de justicia?

En países como Alemania, concretamente en la Baja Sajonia, nos encontramos con MAKI (“MASSENVERFAHRENSISTENZ Mithilfe Von Ki”, traducido como “asistencia en procedimientos masivos con la ayuda de la IA”), se trata de un proyecto piloto surgido en 2023 fruto de la necesidad de aligerar la carga de trabajo de los juzgados por la creciente actividad a raíz de pleitos en masa (reclamaciones por las emisiones diesel, por ejemplo).

La función de MAKI es, en primer lugar, la extracción de los datos esenciales del pedimento (fechas, cantidad reclamada, hechos relevantes, etc), para integrar esos datos automáticamente en plantillas (notificaciones o borradores de resoluciones).

Esto, ya de por sí, aligera la carga de trabajo relativo a tareas mecánicas o repetitivas, pero es que, además, MAKI procesa estos datos para agrupar los mismos tipos de caso, lo que ayuda a la gestión de los expedientes de modo más ágil, por ejemplo, reclamaciones por un mismo vuelo o mismo defecto en un vehículo.

A esto se le suma que, al aunar estas funcionalidades el software permite generar borradores de resoluciones que, aunque siempre deben ser revisadas por el juez competente, ya de por sí ahorra tiempo, agilizando enormemente los procedimientos.

La IA no es la respuesta definitiva

Ahora bien, todas estas herramientas tienen un inconveniente fundamental y es que, por la naturaleza de la IA, solo serán empleables para casos tipo o repetitivos. Todos aquellos pleitos atípicos o complejos se quedan fuera de su radar.

Además, para garantizar la independencia judicial y la adecuada protección de los derechos de las partes la decisión final deberá ser humana en todo caso, es decir, estas herramientas únicamente podrán ser auxiliares.

La IA tiene otro inconveniente que la hace inapropiada para poder ofrecer una solución global, no cuenta con el “factor humano”. Puede recopilar información, datos, antecedentes y aplicarlos a un caso concreto, pero los pequeños matices que marcan la diferencia entre un caso y otro o aquellas cuestiones de índole humana no recogidas en ninguna ley, a la IA se le escapan como arena entre los dedos. Entre estas cuestiones, que más tienen que ver con un raciocinio puramente humano, está el principio de justicia en si mismo considerado. La esencia de lo que es justo no es regulable ni deriva de un precedente aplicable; siendo su determinación la tarea central que otorga sentido a un sistema judicial.

Hay cualidades humanas que la IA no puede replicar

Así, la innovación, la creatividad, la empatía o la adaptabilidad a nuevas realidades sociales o culturales son lo que marcan la evolución de la justicia. Un nuevo pronunciamiento innovador o una nueva interpretación de un antiguo precepto legal puede cambiar el rumbo de la vida de muchas personas, cuestiones todas ellas que solo podría hacer un humano.

En resumen, la inteligencia artificial se perfila como un apoyo que proporciona una solución ágil, innovadora y necesaria para impulsar un sistema judicial saturado que no es capaz de dar una pronta repuesta a los justiciables que demandan resoluciones sin esperas que se les hacen eternas, lo que afecta gravemente al derecho de todos ciudadanos a una tutela judicial efectiva.

Sin embargo, no puede obviarse que el sistema judicial debe seguir siendo humano. La interpretación de la ley, la valoración de pruebas y la ponderación de derechos requieren una sensibilidad y un razonamiento que la tecnología no puede replicar.

Para no perderte ningún detalle, haz clic aquí y accede al artículo completo redactado por Patricia Ayudes, asesora legal en Inter Asesoría.

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